lunes, 18 de agosto de 2008

Princesa Cenicienta

El camarín de Alicia Zanca y Georgina Barbarossa siempre está en llamas. El de Luisana Lopilato es, en cambio, extrañamente silencioso. Todos llegan al Astral mucho tiempo antes de cada función.
Por:
María Ana Rago

El hada madrina y la malvada madrastra comparten el camarín subterráneo del Teatro Astral. Un rato antes de que comience la función del espectáculo infantil Princesa Cenicienta, una sentada al lado de la otra, caracterizan a sus personajes, mientras conversan sobre bueyes perdidos. En la obra, son el Sol y la Luna, la buena y la mala. Afuera, en la vida real, parecen llevarse bastante bien. El de ellas es el camarín más divertido: casi un show aparte. Alicia Zanca recoge su pelo, con paciencia y sin apuro -su personaje sale casi sobre el final de la función y lleva una peluca-, mientras Georgina Barbarossa se maquilla y coloca con suma delicadeza sus pestañas postizas y sus guantes negros, con largas y tenebrosas uñas. Mientras tanto y a la vista de los testigos ocasionales, se pasan el dato de algún restorán en el que se come bien, planifican ir a ver algún espectáculo por la noche y bromean un poco.

"Qué viva que sos; como vos escribiste la obra, te pusiste poca letra", chicanea Barbarossa, muy resfriada y algo disfónica, a Zanca, algo contracturada por efecto del número acrobático que hace en la obra. "¡No te quejes! Yo quería que Carmen Barbieri hiciera tu papel, pero no podía y te tuve que llamar a vos...", la provoca, en chiste, Alicia, quien además de ser la autora de la versión, es la directora de la puesta. "Hago de mala, pero soy buena", se reivindica Georgina, quien intenta convencer a un pequeño espectador, entrometido en los camarines. Pero su vestimenta negra, su peinado y la pintura en su rostro, le juegan en contra.

Princesa Cenicienta está inspirada en el famoso cuento de Charles Perrault, pero Zanca creó una versión propia, en la que entran en juego el humor, la música, la danza y el circo. El show tiene música en vivo.

La joven actriz Luisana Lopilato es Cenicienta; silenciosa en su camarín, se calza los atuendos de su criatura y se prepara para la función, que la tiene como protagonista. Rodrigo Guirao Díaz es el Príncipe, elegante, y aguarda el llamado de función tocando una guitarra eléctrica. El muchacho arranca suspiros en la platea femenina: el encuentro entre ellos es esperado por el público desde antes de que se abra el telón.

Mientras Cenicienta y el Príncipe hacen lo propio en los suyos, las hermanastras están en su camarín -en su caso, es compartido-; la mirada intrusa que las espía, las descubre de espaldas, de pie, frente al espejo, maquillándose. Alegres, divertidas, simpáticas con los niños, las actrices Dalia Elnecavé y Laura Cymer son bien distintas a sus envidiosos personajes.

Marcelo Xicarts -compone a un despistado rey- luce sus payasescos pantalones, deambula por los pasillos y conversa y juega con quien se le cruce por ahí.

Los actores de Princesa Cenicienta hacen dos funciones cada sábado y otras dos, cada domingo. Llegan una hora antes y con la ayuda de maquilladores y vestuaristas se preparan para que la obra pueda ser disfrutada por decenas de niños, en su mayoría, y por la presencia en el elenco del galán Girao Díaz, niñas.

Fuente: Clarin.com

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